logo de proyecto visión, una página bilingüe de la red para Latinos con discapacidad
 English página principalrecursosboletínoportunidadeshistorias de éxitoanunciosPuentes hacia del trabajofaq/sobre proyecto visión
Joe Olvera: el hombre más suertudo del mundo


por Joe Olvera, El Paso, TX

Resulta irónico. Aunque recientemente me amputaron la pierna derecha por debajo de la rodilla, me siento un hombre con mucha, mucha suerte. Más que nada me siento suertudo porque tras la cirugía mi jefe cumplió conmigo al no echarme del trabajo y obligarme a recibir beneficios de discapacidad a pesar de haberlo podido hacer.

Quizás mis diez años de servicios a Aliviane NO-AD, Inc. fue el factor decisivo. Aliviane es la agencia más grande, completa y de experiencia de tratamiento, prevención, educación e intervención en drogas que hay en Texas. Me considero con suerte además. Porque conozco otras personas que han sufrido amputaciones y que no les fue tan bien. El adquirir una discapacidad a media vida puede conllevar muchos resultados negativos.

Recién salido del hospital se me dio la noticia que me pondrían en beneficios de discapacidad hasta que pudiese regresar al trabajo, si algún día lo pudiera hacer. Esto me significaba $200 a la semana. Me entró el pánico porque no había forma que con esto pudiera mantener a mi esposa Julieta y a nuestros hijos casi adultos. Tengo dos hijos, de 21 y 17 años y una hija de 14. ¿Cómo iba yo a pagar el arriendo y los gastos del hogar para una familia de cinco con los pagos de discapacidad?

Trabajando desde la casa
Le pedí a mi jefe, el gerente Chilo Madrid, que me permitiera trabajar desde la casa. Al principio dudó sin estar confiado que yo trabajaría desde mi casa. Lo perseguí hasta que me dijo que sí. Inmediatamente después que me diera su aprobación mandé rápidamente a mi esposa a que trajera de la oficina la computadora que uso en mis actividades diarias como Asistente de Director de Previsión y Servicios Rurales, donde dirigía y supervisaba cuatro servicios de prevención de la agencia. Quería que me trajeran la computadora antes que Chilo cambiara de idea.

El que se me permitiera trabajar desde casa hizo mucho para apurar mi recuperación. Mi señora e hijos también fueron muy importantes para que me acostumbrara a la falta del miembro. Por supuesto que al principio fue horrible. Tenía un yeso enorme en la pierna amputada y solamente tenía un andador para ayudarme a caminar en la casa, pero ese no era el problema porque me pasaba sentado ante la computadora trabajando. El caminar en otros lugares era extremadamente difícil. Tenía problemas para encontrar el balance y estaba muy débil tras haber perdido 20 libras cuando estuve en el hospital.

Finalmente, llegó la fecha en que me iban a sacar el enyesado. Fui a la oficina del doctor con ansias, pero también con miedo porque no había tenido la oportunidad de ver mi pierna amputada. Me imaginaba cosas terribles como puntos que no sanaban y que la carne y la sangre de mi pierna se derramaban. Nada esto pasó y me sacaron el enyesado sin problemas.

Fase 2: la prótesis
Con aquello ya dado y finito entré en la segunda fase de mi recuperación donde me colocarían una prótesis. El ir a un ortopédico daba miedo porque no sabía lo que pasaría. Nadie me había preparado para esta nueva etapa. Mi ortopédico, un joven de nombre David, me dijo que era un candidato de nivel 3, lo que significaba que estaba lo suficientemente fuerte para poder caminar, manejar y hacer casi de todo lo que podía hacer antes de la amputación. Yo no le creí.

Primero, David me midió el muñón para ver cuánta hinchazón habría que reducir antes que me pusiera el soquete. Dijo que debería adelgazarlo como dos pulgadas y me puso un calcetín de adelgazamiento. Se trata de un aparato muy ajustado que ayuda a reducir la hinchazón que queda tras una amputación. Lo llevé por tres semanas hasta que David dijo que yo estaba listo para que me midieran la pierna nueva.

Aunque agradecía la noticia, me sentía asustado y nervioso porque había leído docenas de artículos sobre los cambios que tendría que pasar. Había leído sobre el dolor y las inconveniencias que sufrían quienes llevaban piernas prostéticas. Estaba asustado pero sabía que tenía que tratar. Ceñí los dientes y esperé los resultados. Finalmente, mi prótesis estaba lista - la llamaba "mi pata de palo", a pesar que, por supuesto, no es de madera. El dolor fue terrible al principio, pero también grandioso: ahí estaba yo, de pié en lo que eran dos piernas.

Cuando alguien tiene amputaciones por debajo de la rodilla el cambio más notable es que solamente se tiene una pierna para sostenerse mientras se está parado. Cuando se piensa de mantener balance apoyado en su otra pierna, de inmediato uno se da cuenta que ahí no hay nada. El cambio se sintió inmediatamente al pararme apoyado sobre la prótesis.

Al fin ya me podía parar en dos piernas. Una de las piernas es de plástico y titanio, pero es una pierna. Duele un poco cuando uno se la pone al principio y trata de caminar, pero el dolor se va luego y puedo caminar casi normal. Junto con la prótesis uso muletas para caminar. Esto me ayudaba a mantener el balance y evitaba poner mucha presión sobre mi pierna mala. Se hace difícil, pero nadie dijo que sería fácil.